Gobernador de penal de Cochabamba aprobó fiesta que acabó con muertos

16 de septiembre de 2014 03:21 PM

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El descontrol y la violencia se cobran más vidas en otra cárcel del país, a solo un año de la tragedia de Palmasola en Santa Cruz. El propio gobernador del penal de El Abra, mayor Yuri Duk, y el director de Régimen Penitenciario en Cochabamba, Denis Mejía, autorizaron el festejo por la Virgen de Urkupiña, pero al calor de los tragos, las drogas y las armas se convirtió en una mezcla mortal que acabó con la vida de cuatro reclusos y dejó 11 heridos.

Todo empezó con una ceremonia en la que estuvieron autoridades para luego seguir con una fiesta en la que, al margen de familiares de los reos, incluso participó una jueza de apellido Ramírez, según desveló Mejía:“Ella estuvo hasta las seis (de la tarde)”. “La ley 2298 es clara cuando establece que se pueden hacer actividades recreativas en cuestión al culto y a la religión”, justificó Mejía pero aclaró que si bien estaba permitida la ceremonia religiosa, no así el consumo de bebidas alcohólicas.

Cuando eran las 22:00, en medio del consumo de bebidas alcohólicas y drogas, dos grupos de poder de los mismos reos, uno de bolivianos y otro de extranjeros, desataron un enfrentamiento en el patio del recinto. En ese momento, hubo un corte de luz y fue cuando un grupo de encapuchados y armados dispararon a muerte contra el líder del penal Ariel Tancara Sandagorda, delegado del penal El Abra, y sus dos guardaespaldas: Gustavo Tobar Ramírez y Humberto Gonzáles Olmedo. Sergio Arce, conocido como ‘El Lucifer’, fue brutalmente asesinado acusado de ser el responsable de la muerte de Tancara.

En 2007, en esta misma cárcel, mataron al entonces delegado del penal Ronal Alcaraz. El hecho estuvo presuntamente planificado por Tancara. Según algunas fuentes, en las pugnas de poder se juegan el manejo de cobros ilegales, el tráfico de drogas y la prostitución. Incluso se dijo que Tancara hacía cobros de $us 1.000 a 5.000 a título de aporte voluntario.

Mejía dijo que se cree que las armas de fuego habrían sido arrojadas por encima del muro oeste de la cárcel para ser usadas por los internos extranjeros, sin embargo, los familiares de las víctimas denunciaron que el armamento ingresó hace mucho tiempo.

“A Tancara lo cercenaron a nivel del cuello”, declaró el comandante departamental de la Policía, coronel Alberto Suárez, aunque dijo desconocer cómo ingresaron las armas. Testigos contaron que en el momento del apagón los policías de las garitas también dispararon.

El cuerpo de Tancara, un reo con un amplio prontuario, fue arrastrado por el patio del penal como una especie de trofeo.

En el enfrentamiento, una mujer embarazada resultó herida de bala y perdió a su bebé. “Tenemos 10 pacientes de los cuales la señora Margarita Herrera Saura fue operada porque recibió un proyectil en el abdomen. El ginecólogo la operó y le sacó el útero porque la bala eliminó al feto”, informó un médico del hospital Viedma donde fueron trasladados los heridos, desde la noche del domingo hasta la madrugada del lunes.

El Instituto de Investigaciones Forenses confirmó que dos reos fallecieron con impactos de bala y otros dos, con heridas punzocortantes. Los reos, colombianos y chilenos, usaron armas calibre 38 y 9 milímetros, además de bates, garrotes y armas blancas.

A todo esto, el gobernador del penal, mayor Duk, se excusó de dar declaraciones a la prensa argumentando que no quiere perjudicar las investigaciones.

Fuente: eldeber.com.bo

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